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La estrategia dual del PSOE para el 10-N: golpear a Iglesias para atraer al votante de Cs

La estrategia dual del PSOE para el 10N: golpear a Iglesias para atraer al votante de Cs

No hay temor a perder los buenos resultados que arrojaron las urnas el 28-A y el 26-M. El PSOE está confiado y con la estrategia bien definida. En contra de lo malos augurios que muchos pronostican, en las cúpulas de Ferraz y Moncloa llevan meses perfilando las líneas de su ansiada campaña electoral que ha convertido en victoria el fracaso porque están convencidos de lograr “esa mayoría rotunda” que vaticina el presidente en funciones, Pedro Sánchez, y que le permita reeditar el Gobierno.

La clave está en romper con la dinámica de los bloques. Porque, efectivamente, la suma de las izquierdas, con más o menos huevos en una u otra cesta, daría un resultado similar. Según explican fuentes socialistas, “ya hemos recuperado gran parte del voto que se nos fue a Podemos” y ya no hay mucho más que rascar. Desde 2016, Podemos ha perdido dos millones de votos de esos 5.200.000 que le situó en un sorpasso de facto al PSOE, situado entonces en los 5.500.000.

De los más de tres millones y medio de votos que aún le quedan a la formación morada, el PSOE ha de recuperar algo pero poco. Primero porque una parte irá directa a la abstención, frustrada y descontenta por haber visto colarse por el sumidero la “oportunidad histórica de un gobierno de coalición”; y segundo, porque el grueso se quedará en la formación de los círculos tal y como desvela el alto índice de fidelidad de voto de la formación morada. Dicho de otra forma: los que le quedan, se quedan.

Es exactamente lo contrario de lo que ocurre en Ciudadanos. Según explican los estrategas socialistas, la formación naranja registra el mayor número de indecisos en sus filas y el menor porcentaje de fidelidad de voto: “cinco de cada diez votantes de Ciudadanos dudan a quien votar el 10-N. Son dos millones de votantes. Ahí está nuestro mayor caladero de voto” y el electorado potencial a quien fía el Gobierno su “mayoría rotunda”.

En el quirófano demoscópico de Ferraz pronostican una debacle para la formación de Albert Rivera, sumida en la tormenta perfecta de las crisis internas, las ausencias veraniegas y el exceso en su crítica: “Y ahora, ¿dónde está ahora la banda de Sanchez? …¿y el plan?”. Una formación en cuyas filas, explican los socialistas, se concentran dos almas: una más a la derecha y otra más de izquierdas. Y en ésta ultima se aglutinó el 28-A una parte del electorado progresista crítico con el Pedro Sánchez de la foto de Pedralbes y del mediador/relator con Cataluña. Un votante que castigó al PSOE pero confiando en un pacto PSOE-Ciudadanos en el último momento.

Es a esta parte del electorado a quien ha defraudado Albert Rivera, en opinión de la dirección socialista, y a quienes “no les vale ya el giro de última hora de Rivera” que ha resultado “poco creíble” a ojos de la ciudadanía. La imagen del líder naranja del “no es no” y del rechazo a reunirse con Pedro Sánchez es la que prevalecerá en la consciente del votante centrista a quien pretende recoger el PSOE.

Y la pregunta es cómo. Más después de ver cómo el primer mitin de Pedro Sánchez en Moncloa fue para poner en la diana a Pablo Iglesias como el principal responsable del fracaso socialista. Así lo explican estas fuentes a Libertad Digital: “¿Cómo se puede atraer más al electorado centrista de Ciudadanos? ¿Siendo comprensivo con Iglesias o atizándole? Pues eso es lo que estamos haciendo”.

Un anticipo de las estrategias de la campaña electoral en la que el PSOE pronostica un mayor caída para Ciudadanos y Vox y en la que, reconocen, que “el miedo a Vox ha quedado diluido”, ya “no hay temor a la llegada de la extrema derecha” pero sí, matizan, “el miedo a que sumen las derechas con Vox. Este mensaje funciona a tope porque acaban de gobernar en todas partes” a nivel territorial.

Por contra, habrá una “recuperación del bipartidismo tradicional”, una vuelta a la “masa madre de la política”, el PP y el PSOE, que se sustentará sobre la base de que “la gente relaciona fragmentación con inestabilidad y bloqueo”. Una especie de efecto boomerang que, ésta vez, arrojará el descrédito sobre la nueva política más que con la vieja, como sucedió en 2015. Y sobre esta ola pretende cabalgar Pedro Sánchez poniendo el agua al cuello a Pablo Iglesias pero intentando pescar en el río revuelto de al lado. Porque en las turbulentas aguas de Albert Rivera, “ahí es donde está el pescao”. Ahí es donde está la mayoría rotunda.

Foto: Pedro Sánchez | EFE
Fuente: esRadio

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